Estudian el efecto de la “flora intestinal” en nuestras emociones.

Billones de bacterias de distintas familias pueblan nuestro intestino con la misión de hacer funcionar nuestro organismo de forma óptima. Si nuestra flora intestinal es insuficiente o no es de buena calidad, a causa de hábitos de vida poco saludables, puede provocar enfermedades como alergias, diarreas o cáncer de colon, entre otras muchas.

Ahora la ciencia investiga si la calidad de la flora intestinal afecta también a nuestro comportamiento o si nuestra conducta y nuestras emocionestambién inciden directamente sobre el estado de las bacterias del intestino.

Esta satisfacción es difícil de medir en personas porque es muy subjetiva y está relacionada con otros factores, pero sí se ha visto claro en modelos animales. Un ratón de laboratorio nacido ex profeso sin flora intestinal tiene conductas radicalmente diferentes, incluso con rasgos autistas, a otros que sí la tienen. “Sufren dificultad para socializar”, apunta la doctora Mas, divulgadora y consultora de comunicación en el ámbito de la salud.

 

El psicobiótico

Los próbioticos o alimentos ricos en bacterias saludables, también pueden tener una influencia positiva en nuestra conducta. En un estudio, que se cita en “Las maravillas de la flora”, se combinaron dos probióticos (lactobacillus y bifidobacterium) para ver sus efectos primero en animales y luego en humanos.

El resultado fue que la conducta ansiosa en los animales se había reducido, mientras que en las personas se habían mejorado las sensaciones psicológicas, además de disminuir el cortisol en sangre, una de las hormonas que intervienen en el estrés.

Por eso ya algunos expertos hablan del término “psicobiótico” como un cruce entre un fármaco psicotrópico y un probiótico dada la influencia que este tiene no solo en el colon, sino sobre algunas sustancias que afectan al cerebro.

“Son datos muy preliminares y sacar grandes conclusiones es difícil”, advierte Margarida Mas. Existen estudios que apuntan la idea de utilizar probióticos de laboratorio “como tratamiento complementario a fármacos que tratan trastornos ansiosos o depresivos, ya que podrían ayudar a que el efecto fuera mayor. Pero esto todavía es bastante preliminar”.

La revista Gastroentorology publicó hace unos meses un estudio realizado en mujeres sanas, sin alteraciones psicológicas ni intestinales, que trataba de evaluar la repercusión del consumo de probióticos sobre el cerebro. Estas mujeres tomaron durante semanas una leche fermentada con bifidobacterias y se observó mediante una resonancia magnética que se produjeron cambios en la actividad cerebral en aquellas regiones que modulan emociones y sensaciones.

La alimentación y las emociones también van de la mano. Comer bien, de forma placentera nos proporciona una sensación de bienestar, “pero si comemos mucho o alimentos poco saludables nos podemos sentir ansiosos, molestos”, explica Margarida Mas. Además, el estado de ánimo también puede dirigir nuestras apetencias y hacernos escoger entre un alimento y otro.

“No solo es el hecho de comer, solo ver una comida que consideramos no saludable nos produce malas sensaciones, de culpabilidad o de ansiedad. Es difícil establecer el mecanismo de todo esto pero sí se ha visto que hay muchas relaciones que son del eje flora intestinal-cerebro”, señala la experta.

Vía: http://www.efesalud.com/influye-la-flora-intestinal-en-la-conducta-y-las-emociones/

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